octubre 28, 2007

El Artículo 14 Bis de la Constitución en su cincuentenario.

Luis Agustín J. Brasesco (*)
Recordando a Crisólogo Larralde, su ideólogo, y a Luis M. Jaureguiberry, constituyente entrerriano, informante de la Comisión Redactora en la Convención Nacional Constituyente de 1957
Factores poderosos que se fusionan armoniosamente defendiendo intereses a veces contradictorios entre sí, pero unidos en evitar el avance del Derecho del Trabajo, con el engañoso argumento, muy bien encubierto, que deteriora el desarrollo económico del país perjudicando a la evolución exitosa del empresariado, ahuyenta la inversión y vulnera el derecho de propiedad, han salido airosos en su lucha para evitar la reglamentación en el art. 14 bis de la Constitución, en lo que se refiere a la “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y la colaboración en la dirección”.
Esto se afirma en el año que cumple medio siglo de vigencia este artículo que consagró el derecho de huelga, los derechos gremiales como concertar convenios colectivos , la conciliación, recurrir al arbitraje, el goce por parte de los dirigentes gremiales de las necesarias garantías para el cumplimiento de su gestión sindical (fuero sindical), al régimen sindical democrático, como también, en lo que se refiere al trabajador en concreto, asegurar condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada, descanso y vacaciones pagas, retribución justa, salario mínimo vital y móvil, igual remuneración por igual tarea, protección contra el despido arbitrario, estabilidad del empleo público, entre otras muchas que se refieren a los derechos de seguridad social, la protección integral de la familia, la defensa del bien de familia, la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.
INTENTOS. Hubo muchos intentos de legislar sobre la participación de las ganancias , accionario obrero y control de la producción y colaboración en la dirección de la empresa , pero siempre se corrió la misma suerte, que fue la imposibilidad de concretarla como ley. Faltó voluntad política. En cambio se hizo presente una vigorosa actitud negativa por parte de importantes empresas periodísticas del ámbito nacional, y de las comerciales e industriales de alto poder económico-financiero mayoritariamente transnacionales, y específicamente, en lo que hace a la colaboración en la empresa, desidia sindical, pensando - así se hacía saber en voz baja- de que se creaba un ámbito donde la representatividad de trabajadores podía tentar a competir en protagonismo con las que se encontraban al frente de los sindicatos.
Cuando se trata la participación en el ámbito empresarial de los trabajadores organizados, debemos tener presente lo que expresábamos en “De la Esperanza al Riesgo en la Transición Democrática”, de nuestra autoría en 1991: “En países de democracia estable y consolidada bajo cualquiera de las formas vigentes a la fecha, la representación parlamentaria está anticipada fuertemente por sucesivos contextos de representaciones de actores. El caso mas cercano y conocido es el de la unidad europea, el que plebiscita el acuerdo de Maastricht. Para llegar por ejemplo a la unificación de la legislación laboral, durante muchos años se vienen reuniendo representantes de los sindicalistas, empresarios y gobiernos. Tras laboriosas jornadas, sistemáticas y permanentes, se producen los informes que luego son llevados a la representación parlamentaria. ¿Quiénes han sido sus propugnadores? Centrales sindicales de larga tradición, asumidas ideológicamente en un perfil determinado; centrales empresariales, generalmente con ejercicio en la negociación con los trabajadores, y los gobiernos acostumbrados a la sucesión constitucional. En cambio, en los países como el nuestro, todavía se sufren las vicisitudes de encarar la vida democrática con actores de fuerza desigual, con premuras pragmáticas y un olvido casi reverencial de la previsión del futuro. Medidas ocasionales, respuestas para la coyuntura y permanencia de lo provisional. condicionan más de las veces las medidas políticas y los proyectos legislativos Esto no es nuevo, ya era la obsesión de Alberdi, cuando reclamaba la necesaria consolidación del país y sus instituciones. Sin duda hubo casos o situaciones en que la sociedad entera parecía recuperarse en una proyección al futuro. Fueron los proyectos de la generación del 80, el Estado social de Yrigoyen y su ampliación en los gobiernos de Perón.”
REPRESENTACIÓN. Este ejemplo europeo muestra en la actualidad los progresos modernos de la representación, reflejados en los caminos que en materia laboral transita la Unión Europea, indicando que no son reales las argumentaciones dadas por los opositores a la sanción de esta participación de los trabajadores en el mundo socio-económico-político, que tiende a concretar una sociedad en paz, seria, productiva, y justa.
En esta línea doctrinaria se presentaron los proyectos en el período inicial de la restauración de la democracia, cuyo autor es quien escribe el presente, sobre información y consulta en las empresas y participación en las ganancias y accionario obrero, que tuvo por objeto acompañar la democracia en los procesos del trabajo, y a la vez adaptarlos organizativa y funcionalmente. De esta manera el trabajo, en el sujeto del trabajador, pierde el carácter instrumental y meramente económico, que suele suponer su clasificación como “factor” o “instrumento productivo”. Por ello, concretar estas leyes, aún ausentes en el derecho positivo, es hacer realidad los principios sociales del trabajo y la democracia en la economía, sobre la base del mantenimiento de la relación laboral y el reconocimiento de la propiedad del empleador.
Antes y después de la sanción del art. 14 bis de la Constitución Nacional se presentaron proyectos sobre estos temas, como lo fueron los de Yadarola, Pereyra Rosas, López Sarrot, Tanco, y hasta la iniciativa del P. E. nacional para el primer plan quinquenal de la década del 40, reflejan la mejora, el reconocimiento y la jerarquización por ley de la participación obrera, la cooperación, los beneficios y la instauración de las instituciones sociales.
Este es el gran déficit y al mismo tiempo dolor: el no tener las leyes que contemplen estos institutos que muy bien aseguran las canalizaciones de los problemas sociales brindando los caminos participativos y permanentes de solución del conflicto social. La palabra y la acción las tiene el Parlamento, al que le sugerimos que considerando que los proyectos de ley deben ser construcciones colectivas, con la intervención de los potenciales beneficiarios tanto en la definición como en los alcances, debería escuchar a las organizaciones de trabajadores, al empresariado y al propio Estado a través de sus organismos técnicos e idóneos en economía y trabajo. Sería interesante que un legislador entrerriano inicie la tarea, que llene este vacío.
Felizmente, junto a la pena de este vacío legislativo, nos regocijamos que la Corte Suprema en fallos recientes, se encamina con un alto sentido jurídico político- laboral a evitar la coacción partidista sobre los servidores del Estado Nacional con un profundo sentido progresista en la interpretación de la estabilidad del empleado público que consagra el art. 14 bis de la C. N.
Con leyes vigentes que reglamentan estatutos consagrados en el mismo y otras, que para concretarse, esperan la resurrección del sentido social y fraternal de la vida en que el trabajador es un ser humano con dignidad para llegar a la plenitud del trabajo decente se cumplen cincuenta años de vigencia del articulo 14 bis, llamado también articulo nuevo.
Muchos derechos fundamentales para la dignidad del trabajador, la democracia social y la armonía en el mundo del trabajo consagrados en el art. 14 bis de la Constitución esperan las leyes que reglamenten su ejercicio. El Parlamento tiene la palabra Manos a la obra es el mandato histórico.
(*) Senador nacional (1983-1992), secretario de la Convención Nacional Constituyente (1994). Abogado laboralista e investigador de políticas sociales.

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